Crónicas de un estudiante de Medicina – Capítulo II

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Inicio de una historia de amor tóxica con los pie diabéticos y unos pequeños amigos viscosos

Creo que el sueño de todo estudiante de medicina desde que pisa por primera vez la facultad, es entrar a un quirófano, al menos en mi caso fue así. Yo creo que esto se debe, en parte, a que por lo general las personas asocian a los médicos con cirujanos, y al parecer en el subconciente de la sociedad todos los médicos, sin importar su especialidad operan.
Si hay algo que nunca olvidas son tus primeras veces en algo, y definitivamente la primera vez que entras a un quirófano, la primera vez que colocas una sonda, la primera vez que haces una cura, incluso la primera vez que tomas una muestra de sangre, todo eso es algo que de alguna u otra forma te marca, y siempre vas a recordar con cariño.
Cirugía es una de las rotaciones que mas me ha gustado hasta el momento, aunque la mayoría de las cosas que toca ver tienen un olor particularmente desagradable, termine con unas lindas manchas de sangre y otros fluidos en mi hermosa bata, además de que en la parte teórica una vez más la querida anatomía oscurecio mis días, terminé con muchas anécdotas divertidas y tomandole muchísimo cariño a esta clínica.

A lo largo de la rotación uno hace miles de curas, todas con sus olores particulares. Sin embargo, nada, absolutamente nada prepara a tus fosas nasales para un pie diabético. La primera vez que me toco «respirarlo» muy, muy de cerca fue una cura que me indicaron realizar a un señor con una podopatía diabética Wagner 4, que básicamente significa que se esta en presencia de una gangrena limitada, donde hay necrosis de una parte del pie, que en otras palabras quiere decir que el tejido esta literalmente muerto, así que ya por allí puede imaginar como es el olor. Cuando retiré las vendas y la lesión quedo expuesta, el olor inundó toda la emergencia del hospital. Para mi fue algo realmente impactante porque no es lo mismo observar estas lesiones en fotos, que tenerla de frente, y peor aún olerla de frente. Pero al final sobreviví, y esa se convirtió en la primera de muchas, porque si algo llega con frecuencia a la emergencia, lamentablemente son podopatías diabéticas.
Siguiendo con la línea de curas que a nadie le gusta hacer, otra cosa con la que tengo una especie de relación amor-odio son con las miasis (infestación larvaria). La primera vez que me tocó verla, fue a gran escala y en full HD, a la emergencia llegó un señor con una gorra y una botella de anis en las manos, hablo con el doctor y el enseguida volteo, nos miró y nos dijo, muchachos, busquense unos guantes y tapabocas, que esta cura es de ustedes. Obviamente en nuestra linda cabecita nunca imaginamos que el señor venia acompañado por unos lindos gusanitos debajo de su gorrita de los Leones del Caracas. Fue gracioso, porque nosotros novatos al fin, supusimos que el señor era algún borrachito o algo por el estilo, y resulta que la botella de anis tenia una explicación médica, y es que al derramar un poco de este sobre la superficie infestada, este hace que las larvitas salgan espontáneamente hacia la superficie, haciendo su extracción mucho más sencilla ya que el anisol es neurotóxico.

Sin duda alguna cirugía no es ni de lejos la rotación más glamorosa, pero lo que si les puedo asegurar es que nunca es aburrida, siempre hay algo práctico para hacer. En conclusión puedo decirles que aprendi varias cosas, en primera que mi tolerancia a olores fuertes es bastante buena, en segunda que todo lo lindo que viste en el libro de anatomía no es ni de cerca igual a cuando abren y tienes una gran mancha roja donde no distingues nada, y en tercer lugar que no importa cuanto te esmeres en mantener la bata blanca, al final siempre termina como un coleto.

Para concluir he de decir, que culmino esta rotación con muy buen pie, profesores excelentes que aunque me hicieron pasar las mil y un odiseas, también me dejaron grandes lecciones no solo a nivel profesional, si no también a nivel personal. Guardias increibles, bastante movidas y cansadas, pero llenas de aprendizaje y bonitos momentos. Ahora toca pasar la página y vamos de lleno con medicina interna, preparandome psicológicamente para cambiar el chip de cirujano a internista. Ya les contaré que tal en futuros capítulos.

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Crónicas de un Estudiante de Medicina – Capítulo I

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Dicen que todos nacemos con un propósito en la vida, en mi caso, desde que era pequeña siempre tuve claro lo que a mi me gustaba estaba relacionado al campo de la salud. Mi frase siempre fue, «cuando sea grande quiero ser doctora». Hoy por hoy, si me preguntan ¿por qué? no sabría explicarlo con exactitud, de hecho hay días en los que yo misma me cuestiono esto, no sé que hago estudiando medicina.
Nunca voy a olvidar que cuando comencé la carrera, el primer día de clases, nos recibieron con la típica pregunta de ¿por qué quieren ser médicos?, la mayoría de mis compañeros contesto lo típico «para servir al prójimo», «porque me gusta ayudar a los demás» y respuestas por el estilo, yo a pesar de que no estaba del todo de acuerdo con esa afirmación, para no quedar mal, solo repetí roboticamente lo que los demás dijeron. Cuatro años más tarde, esa pregunta sigue en mi mente y aún continúa sin respuesta…

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Antes de entrar a la carrera, todo el mundo te dice que esta es una profesión larga, agotadora, competitiva, y difícil, a pesar de todo ello, uno continúa con la convicción de ser un futuro médico estilo Dr. House. Pero por más que te lo adviertan, por más que te digan mil cosas, absolutamente nada, te prepara para lo que viene, nadie te prepara para llegar a la facultad de medicina, y mucho menos te prepara para llegar a un hospital y enfrentarte a pacientes reales, con enfermedades reales, que te miran como «El doctor» y confian en que tu sabes lo que estas haciendo, a pesar de que en el fondo estes muerto de miedo, y bastante nervioso.
Creo que ningún estudiante de medicina, tenia idea de lo que era esto realmente, en nuestra inocente cabecita uno solo quiere curar a las personas, ser respetado por la sociedad, y porque no, el hecho de ganar mucho dinero, porque por alguna extraña razón, las personas tienden a pensar que los médicos son millonarios, y cosas por el estilo. Aún así, a pesar de todas las dificultades que te encuentras en el camino, continúas luchando, porque no sé si sea masoquismo, o una verdadera vocación, pero le tomas el gusto, y aún con todo el agotamiento, en el fondo, con lo que más sueñas, es con llegar a la meta final.
Quizá no pueda explicar el porqué quiero ser médico, pero si me preguntas, que si me gusta, te diré que si, me encanta lo que hago. Que hay días difíciles, como todo en la vida, pero como dicen los profesionales del fitness, para avanzar y evolucionar en esta vida, hay que salir de la zona de confort. Fácil no es, pero lo importante es disfrutar el proceso, porque todo el esfuerzo al final tiene su recompensa.

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